Posted by : nydia 4 may. 2015

Motivación inagotable

Educación emocional para emprendedores


En un estudio se entrevistó a 5000 personas exitosas en los negocios para descubrir qué factores, características, variables o atributos compartían. Eran muy disímiles entre ellos, abundaba toda clase de rarezas en este muestreo de millonarios excéntricos. Concluyeron que no existe un tipo empresarial único. Sin embargo encontraron algo muy significativo: todos los entrevistados, si bien eran muy diferentes, tenían algo en común: sentían una inmensa pasión por lo que hacían. Sí, todos amaban hacer su trabajo. ¿Será que al hacer lo que amamos nos entregamos apasionadamente y lo intentamos tantas veces que tarde o temprano terminamos triunfando?
La clave para un emprendimiento que vea el éxito es gestionar inteligentemente nuestras emociones, entendiendo sus tres funciones básicas: son una guía existencial, pura energía y un interruptor de encendido/apagado del desempeño.
En primer lugar es crucial elegir un proyecto que te excite y desafíe profundamente, y para hacerlo, haz de escuchar tus emociones que te indican tu camino único. Todas las emociones son un instrumento valiosísimo puesto que nos brindan información existencial. Todos recordamos ese pasaje donde el zorro le decía al Principito: “No se ve bien si no es con el corazón, porque lo esencial es invisible a los ojos”. Las cosas importantes o esenciales las “percibimos” con las emociones, mientras que lo material se percibe con los 5 sentidos. Una vez que encuentras ese proyecto que te apasiona en lo más profundo, sentirás una corriente de energía que te atraviesa y que no te abandona nunca hasta alcanzar tus objetivos. Yo estoy convencido de que escuchar nuestro corazón es la clave de una vida llena de acción. Siempre comparto con mis consultantes el significado de la palabra coraje. Coraje deriva del término latino cuore (corazón). Es definida por la RAE como “Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor”. Así, quien escucha a su corazón no sólo encuentra su dirección en la vida, sino que además obtiene el valor para emprender ese viaje y vencer los miedos. Yo considero que a nadie le falta motivación ni energía, sino que falta encontrar una actividad que disfrutemos u objetivos que deseemos sobremanera. Pero una vez que encontraste eso que te apasiona, las energías abundan.
Para el profesor Ericsson la piedra angular de todos los expertos no es un don o una genialidad innata, sino una deliberada práctica, es decir, la cantidad de tiempo y energía que inviertes en el ejercicio de una actividad equis. Como resultado de su investigación, estableció “la regla del 10.000”, mediante la cual sugiere que toma 10.000 horas de práctica deliberada dominar una actividad, y para ello es crucial el amor por lo que haces.
Finalmente, las emociones tienen el poder de determinar tu desempeño. Todos tenemos días buenos y días malos. Días donde, en general, sentimos que todo nos sale bien y otros  donde “todo mal”. ¿Cómo es posible esta grandísima diferencia en nuestro desempeño y sentir diario, si somos la misma persona? ¿Por qué una nimiedad nos afecta más de la cuenta, mientras que la misma situación en días “positivos” nos resbala?
La respuesta es muy simple y científica. En el centro del cerebro tenemos una estructura llamada amígdala, que es la responsable de las emociones. Cuando estás frente a un estímulo, la amígdala segrega una sustancia, la que a su vez estimula otros centros que segregan químicos específicos (neuropéptidos) que conforman un “cóctel” propio de cada emoción. Este cóctel cae al torrente sanguíneo y provoca el correlato físico de la emoción, por ejemplo palpitaciones, sudoración, tensión muscular, sonreír, etc. El caso es que cuando sentimos emociones displacenteras (enojo, miedo, tristeza, vergüenza, etc.) a nivel biológico se activa el sistema simpático que activa nuestra reacción “defensa-huida” a la vez que desactiva el parasimpático. Así, cada vez que te enojas o sientes miedo tu cuerpo se prepara para defenderse, pero desactiva el parasimpático y con este disminuye el funcionamiento de la memoria, la creatividad, el sistema digestivo, sexual, inmunológico, el que regula los ciclos del sueño, entre otros, empobreciendo considerablemente tu performance en lo que sea que hagas.
Ahora bien, cuando accionamos en actividades que disfrutamos vivenciamos emociones placenteras (alegría, felicidad, disfrute, amor, seguridad, tranquilidad, etc.), entonces nuestra amígdala segrega un coctel químico que a nivel biológico sí permite el funcionamiento de la memoria, creatividad, lo sexual, el sueño, digestión, reconstitución celular e inmunidad. Esto es lo que llamé Modo Creativo, un modo emocional en el que el cuerpo percibe una armonía e integración de la persona en todos sus aspectos elevando su desempeño.[1]
La ecuación es simple. Escuchar las emociones produce: Encontrar lo que me apasiona (mi camino único) + energías para alcanzar el objetivo (coraje) + alta performance (Modo Creativo) = ÉXITO
El aprender a manejar los estados emocionales permite a las personas –adultos y niños- mejorar la performance en lo que hacemos, obteniendo un mejor desempeño y motivación, facilitando el aprendizaje, como también una mejor salud física y psicológica. La forma de hacerlo es muy simple, aunque requiere cierta práctica. El primer paso a la “alquimia emocional” es comprender qué activa el Modo Creativo o Defensa…
Muchos creen que es la realidad, pero no. Es nuestro sistema de creencias lo que determina cómo nos sentimos. Las creencias quedan evidenciadas en lo que pensamos. Los pensamientos se dan en forma de auto-diálogo o comunicación con uno mismo. Toda  comunicación que tenemos los seres humanos se da en un 90 % con uno mismo y sólo en un 10 % con el mundo exterior. Cada vez que pensamos, hablamos con nosotros mismos. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos practicamos la “charla cerebral” o comunicación con uno mismo. La clave es entender que las emociones dependerán de la calidad de la comunicación con uno mismo.  Las personas optimistas toman los desaciertos de una manera en la que se dicen cosas positivas, pudiendo capitalizar como aprendizaje cada error y siendo indulgentes consigo mismos, y consecuentemente se sienten bien. No es que no vean los problemas, los ven pero hacen hincapié en la solución y en cómo esta situación puede obrar para bien a largo plazo. Por otro lado, los pesimistas se critican y hostigan a sí mismos -o a los demás- y se toman las cosas en forma catastrófica, poniéndose y manteniéndose en Modo Defensa, haciéndose más vulnerables a enfermedades como también a acontecimientos desafortunados. Hacen hincapié en el error y sus causas, buscando culpables, así, biológicamente empeoran sus performances, y con esto, el fracaso no tarda en llegar. Esto es lo que en psicología se llama “profecía auto-cumplida”.
Casi todos, en mayor o menor medida, hemos aprendido el libreto del “matón” interno o pensamiento que nos taladra la cabeza y lesiona la autoestima. Pero hemos de saber que el autodiálogo pesimista ¡es posible cambiarlo! Para poder corregir los procesos de pensamientos es necesario, entre otras técnicas, aprender a escucharnos, desarrollando una postura llamada “testigo” de los propios auto-diálogos, lo que requiere práctica.
Para un emprendimiento exitoso y sustentable, es necesario ejercitar autodiálogos sanos, que nos provean de una perspectiva de vida sana y esperanzadora. Además es crucial que ese proyecto sea coherente y en profunda armonía con un deseo del alma. Así, obtendremos la energía y máximo potencial para alcanzar los objetivos.
[1] MALAISI, Lucas J. J. (2014) Modo Creativo, Educación Emocional del AdultoSan Juan, Editorial Educación Emocional.

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